Agustín Redondela

Agustín Redondela, 29 de octubre de 1922: “Nací hijo de pintor, predestinado a ser pintor, en el hogar de José González y Adela Alonso, su segundo y último hijo. Mi madre murió siendo yo muy pequeño, y mi padre se casó con Julia, hermana de mi madre, también viuda con una hija, Teresa. Mi padre, que es una gran persona, ha tenido el humor de casarse tres veces. Mis estudios se podían calificar de brillantes hasta mi aprobado en el ingreso, que entonces se hacía para empezar el Bachillerato. En el instituto la cosa cambió: la libertad que uno tenía y el poco afecto e interés de los profesores, hicieron de mí un desastre de estudiante; pasaba semanas en las que no asistía más que a la triste clase de dibujo. Esto ya podía tener un significado con mi afición, que con los años iría en aumento…”

… San Sebastían, a donde fui a trabajar con mi padre escenógrafo, fue para mí el comienzo de mi gran afición por la pintura, muy en particular por el paisaje, que con el tiempo no abandonaría nunca. Pinté retratos, bodegones, todo lo que se ponía por delante, pero donde más agusto me encontraba era frente a los puertos, pueblos, montes y gentes de toda aquella bella zona…

… El regreso a Madrid fue muy triste: en la casa donde vivíamos no había quedado nada (eran los años de la guerra), ni un clavo en la pared. Toda la obra de los jovenes años de pintor de mi padre se había perdido, con todos los enseres de la casa, y todos los entrañables recuerdos… Por las noches asisto a las clases de dibujo en Artes y Oficios de Marqués de Cubas. Don José Ordóñez es mi profesor durante unos cuantos años, un querido viejecito que al ver mi interés me toma gran cariño. En poco tiempo me llevo todos los primeros premios de los concursos que convocan para todas las Escuelas de Artes y Oficios de Madrid. Por mi gusto hubiese ingresado en San Fernando… Siempre he pensado que a todo el que tenga condiciones la escuela no puede hacerle daño, a pesar de tener que sufrir algunos profesores, pero a mi padre le hacía falta y no me parecía bien dejarle solo…

…A finales de 1945, inauguro la que sería la primera exposición de mi vida, en la Galería Estilo. El éxito de críticas y comentarios no puede ser más favorable. Se vende un pequeño cuadro, mi primer cuadro adquirido; el comprador es el entonces Director de “Informaciones” D. Victor de la Serna, su precio 700 pesetas… En 1954 sale a concurso una beca para Estados Unidos, de la Catherword Foundation de Filadelfia. Me la conceden, y con Julia pasamos tres meses para mí definitivos.”

Redondela, en estos momentos, es poseedor de un extenso curriculum que cuenta innumerables exposiciones individuales y colectivas en todo el terrotorio nacional y en numerosos paises extranjeros, ha participado en bienales y ha logrado incontables premios.

José Hierro, en el 79 al finalizar un extenso escrito sobre Redondela, decía: “Redondela pinta lo que ya no ve. Lo pinta como seguramente no era. Porque el tiempo también pinta (entendiendo la expresión en un sentido muy diferente al que le daba Goya). El tiempo modifica lo que fue. Aunque sería más exacto decir que es el artista el que, inconscientemente, va añadiendo mucho de sí a lo que fue. Cada paisaje de Redondela es, por estos motivos, un autorretrato. Un autorretrato en el que no aparece el rostro del verdadero modelo. No pinta el paisaje que ama, sino su amor al paisaje.”

“Dejemos, pues, aquí al artista, frente a sus amados rincones de La Alcarria, materia prima para sus cuadros futuros, para sus autorretratos futuros. Dejemos al ‘misterioso y silencioso’ Agustín Redondela con su arte hecho de pureza, de primor, de sabiduría que se recata bajo una envoltura de candor. Dejémosle pintando, creando, que es lo suyo; en soledad, que es lo suyo. Es posible que nos extrañe que un ser tan recatado, tan enemigo de la espectacularidad publicitaria, de los cambalaches comerciales, de la actitudes epatantes, haya visto reconocido su talento. Su curriculum es, a este respecto, suficientemente elocuente. Redondela es de los que confirman que el ‘buen paño en el arca se vende’. Pero yo no he venido a hablar de premios, cotizaciones, elogios de la crítica, etc. He venido, y ya cumplí la tarea, tan honrosa para mí, a hacer de cicerone por estos campos y pueblos que ha rescatado del tiempo uno de los grandes paisajistas españoles de nuestro siglo.”

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