Antoni Clavé

IN MEMORIAN

Es considerado uno de los artistas catalanes más relevantes del arte contemporáneo. Nació en Barcelona el 5 de abril de 1913. Inició su formación pictórica en 1926, asistiendo a cursos de Bellas Artes y a los talleres de Ángel Ferrán y José Mongrell.

Hasta el inicio de la Guerra Civil su actividad artística se destacaba por el trabajo en pinturas murales, decoración ornamental, diseño publicitario y otras actividades creativas. Pero en 1939 se vio obligado a irse a vivir a Francia de forma definitiva, donde una vez instalado afianzó su pintura, salió airoso del post-impresionismo y animado por Picasso tuvo el coraje de dar un paso adelante y adentrarse en la abstracción. Por lo que, en los últimos años su trabajo fue en su totalidad abstracta, siguiendo una línea de depuración de esquemas formales.

Además de pintor ha sido grabador y escultor. Su fuerza creadora lo impulsó a lanzarse de manera continua a nuevas aventuras pictóricas. Ha triunfado tanto en pintura e ilustración como en escultura e incluso escenografía. Pero es en el grabado donde demostró su maestría: sus innovaciones son la auténtica revolución calcográfica de estos tiempos.

En 1996, en Barcelona, fue su última exposición retrospectiva “Antoni Clavé en La Pedrera”, comisariada por Daniel Giralt-Miracle. En 1999 se celebró en Madrid una retrospectiva en las salas del Conde Duque en la que se reunían obras del artista de las décadas de los años 80 y 90.

Antoni Clavé falleció el 31 de agosto del 2005, a causa de una insuficiencia respiratoria, a los 93 años en su residencia de la localidad francesa de Saint Tropez. Clavé residía en Francia desde 1939, año en que marchó al exilio al término de la guerra civil española, donde colaboró con las mejores galerías de la capital francesa y realizó escenografías para el Ballet de la Opera de París.

En declaraciones a EFE, el crítico de arte Daniel Giral-Miracle calificó la pintura de Clavé como “una abstracción con referencias figurativas; una abstracción lírica”. Fue seguidor de una cierta tradición española como la de Velázquez o Picasso, aunque los críticos franceses lo encuadraron dentro de la Escuela de París”.

La viuda de Clavé, Madeleine, sus dos nietos, sus dos biznietos y Pepe Clavé, primo hermano -gran colaborador y amigo muy próximo- fueron los que encabezaron el cortejo, entre las más de doscientas personas reunidas.

Giralt-Miracle, recordó cómo “la pintura le mantuvo vivo hasta una semana antes de su muerte”. “El arte era el motor de su vida. Dedicó toda su vida al cartel, a la escenografía, al teatro, a los libros ilustrados y sobre todo a la pintura y la escultura, y creo que esto es lo que le dio vida y le permitió vivir 93 años”.

Emmanuel Clavé, su nieto, coincidió en esta apreciación al evocar la suerte de haber pasado con su abuelo y en familia todo el verano y cómo hasta el final continuó su trabajo en el taller. “Ha sido fantástico haber podido despedirlo así”, subrayó.

“Sabía que el día que dejase de pintar se moriría. Él nos hablaba mucho de Miró, de cómo dejó de pintar sólo poco antes de morir”, y esto fue lo que pasó. Dicen los expertos que Antoni Clavé “triunfó en los años 60 porque fue capaz de codificar un lenguaje y de definir una pintura moderna”. Hasta siempre. Porque los grandes quedan vivos en el recuerdo, con su obra.

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