Henri de Toulouse-Lautrec

Pintor y grabador francés (Albi 1864/Malromé, Burdeos 1901), descendiente de los condes de Toulouse. Su familia se instaló en París en 1873. Por su naturaleza enfermiza tuvo problemas con los estudios en su infancia, en la que demostró una gran aptitud para el dibujo.

En 1978 sufrió la rotura de su fémur izquierdo, al año siguiente la del derecho, razón por la que sus piernas sufrieron un desarrollo anormal y por ello tuvo un aspecto poco agraciado que marcó su existencia, pues se convirtió en un solitario introvertido.

Comenzó a pintar en 1878 en el taller de René Princeteau, pintor de temas militares y ecuestres. Por ello, en su primer período, sus temas están fuertemente influenciados por el maestro. Toulouse pintó caballos de formas elegantes y llenos de vida de una perfección extraordinaria.

Es en el año 1881 cuando entra en el taller de Bonnat y en 1882 en el Cormon donde ejecutó una parodia del Bosque sagrado de Puvis de Chavannes, que supuso un primer ejemplo de su espíritu mordaz y de sus tendencias satíricas, elementos básicos de las obras que siguieron a la misma.

Es a partir de 1885 cuando Toulouse-Lautrec comienza a manifestar un estilo personal, encontrando su fuente de inspiración en los lugares públicos de diversión. Este estilo se fundamenta en la línea y en el dibujo con zonas de color amortiguado muy conformes con las estampas japonesas. En este período comenzó a frecuentar los cabarés y los lugares de reunión de Montmartre inmortalizando el cabaret Mirliton, el cabaret Artistique y el Moulin Rouge.

En 1890 ya había madurado su estilo, se apartó del Impresionismo y se acercó decididamente a Degas, tal como revelan el rico cromatismo, la importancia dada a la línea en la formación de la figura, y el lugar preeminente ocupado por las dinámicas figuras tomadas de la sociedad contemporánea y plasmadas en posturas características y naturales.

El artista pretende dar a sus trabajos el aspecto sencillo y espontáneo del esbozo y, en realidad, a menudo sus formas se reducen a lo esencial hasta tal punto que parecen casi estilizadas.

Realizadas con amplias pinceladas, sus pinturas y grabados son, en esencia, dibujos lineales. En las figuras, la cabeza aparece más acabada que el resto del cuerpo como si el ojo del pintor fuese el de una máquina fotográfica enfocada hacia un punto concreto de tal modo que el resto quedase desenfocado.

Rechazando el claroscuro y el sentido plástico de la forma, se sirvió de una perspectiva descendente, cortante que recuerda tanto las estampas japonesas como el arte fotográfico de su tiempo. Su cromatismo es teatral y fantasioso, hecho de rojos oscuros y verdes. No fue un artista del plain-air: la luz, en sus escenas al aire libre, es cambiante y poco natural.

Destacó, sin embargo, en la representación de la vistosa atmósfera de la vida nocturna, artificial, sórdida y densa. A diferencia de los Impresionistas, Toulouse-Lautrec, insistió mucho en las expresiones de las caras para revelar un carácter o un estado emotivo, y exageró los rasgos hasta caricaturizar los rostros, fascinado por temas muy peculiares como prostitutas o criaturas marginadas por la sociedad, grotescas y, al mismo tiempo, profundamente humanas.

Toulouse-Lautrec se muestra siempre franco, ingenio y desinteresado; lo mordaz de su ironía queda suavizado con su aguda sensibilidad, el elemento erótico no está nunca exagerado ni escondido: los modelos que escogía eran de condición semejante a la suya, y a menudo, se mezclaba con ellos introduciéndose en la escena.

En 1891 dibujó su primer cartel por encargo del Moulin Rouge para anunciar a los bailarines La Goulue y Valentín le Désosse. Con ello inauguraba un método decorativo de desarrollo elíptico que después transferiría a sus pinturas. Inmortalizó a figuras del teatro popular como lo apreciamos en la mujer payaso Cha-U-Ka-O.

En 1892 pintó una serie de escenas de burdeles plasmando la melancolía apática de las mujeres que esperaban a los clientes en la inmóvil atmósfera de sus habitaciones. Tampoco en estos trabajos perdió su objetividad: nunca frío ni sentimental, lograba ver a estas mujeres como criaturas infelices y llegaba a sentirlas como sus compañeras de desventuras.

En 1894 cuando elaboró notables litografías sobre el musical y el teatro con un álbum enteramente dedicado a Yvette Guibert. En 1897 abandonó la pintura publicitaria: de hecho había empezado a beber más de lo debido y su salud no tardó en resentirse al punto de que en 1899 tuvo que ser internado en una clínica.

Ese mismo año, sin embargo, ilustró las historias naturales de Jules Renard y ejecutó una serie de pinturas sobre la vida circense. Tras su muerte, su madre recogió sus trabajos y los donó a la ciudad de Albi para crear un museo dedicado a su arte.

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