Grabador nacido en Hildesheim en 1921, de padre escultor y
profesor de arte. A los siete observó por primera vez a un grabador en actividad:
"Todo era para mí tan fascinante que no me atrevía casi a respirar... estaba
fascinado por la precisión de la artesanía del grabado. Yo quería entonces también
grabar".
En la escuela básica le atraen el pintar y el modelar. En 1934
aparece su primer dibujo a la pluma en un periódico. Posteriormente asiste como oyente de
Wilhem Maiggater a la escuela de Artes y Oficios y a la Escuela Industrial de Hildesheim.
Este maestro le introduce en los rudimentos del grabado con aguja de acero y diamante y en
la técnica del grabado al aguatinta. Aparece su primer grabado y poco después su primera
exposición individual.
Durante la II Guerra Mundial combate con el ejército alemán en
Rusia como observador de artillería. Lo que le impactó fue la destrucción de la guerra,
visiones que retuvo en dibujos, acuarelas y pinturas al óleo: "... Se nos predicaba
el odio. Yo solo sentía una compasión infinita por cada criatura maltratada". En
1944 cae prisionero del ejército norteamericano.
Finalizada la guerra reanuda su actividad artística con otra
exposición individual y contrajo matrimonio con Dorothea Von Derleyden.
En 1948 compró en la almoneda de un pintor un pequeño tórculo
de hierro con el que trabajó hasta 1972 donde pudo adquirir otro en mejores condiciones.
Durante décadas viaja, imparte conferencias y expone en
diferentes países desarrollando un actividad artística incansable: óleos, acuarelas,
dibujos, mosaicos, frescos, relieves, murales... Realiza también encargos públicos y
recibe numerosos premios y distinciones. Ha sido profesor en la Escuela de Artes
Plásticas de Hamburgo y catedrático de la Universidad Johannes Guttemberg de Mainz. En
1972 es designado miembro de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando.
Su relación con España, a donde viajó, por primera vez en
1952, es profunda e intensa. En 1956 reside en Altea (Alicante), lugar en el que ha
establecido su estudio.
Ha ilustrado libros en Francia, Italia y Alemania. En España
destacan los siguientes trabajos:
- Juan Ramón Jiménez. Platero y yo. GISA 1975.
- Poemas de la Rosa. Homenaje a Rainer M.ª Rilke. Prólogo y versión
castellana de José M.ª Valverde. Aguafuertes originales de José Caballero, Luis García
Ochoa, José Guinovart, Benjamín Palencia, José Vela Zanetti y nuestro artista. Enero
1975.
- A las cinco de la tarde. 150 carpetas numeradas con 13 aguafuertes. Altea.
Madrid. Ediciones de Arte.
- Giovanni Boccaccio. El Decamerón. Rembrandt 1976.
- La Caza. Aguafuertes. Poemas: Felipe Choclán. Prólogo: Camilo José
Cela. Rembrandt 1978.
- El Quijote, leído por Camilo José Cela. Aguafuertes. Rembrandt 1980-81.
-Cristóbal Colón. Texto: Juan
Pérez de Tudela. 29 aguafuertes y 52 litografías. Rembrandt y Liber Ediciones 1989.
Schlotter está considerado como uno de los mejores grabadores
del momento en el panorama internacional y sin discusión en el campo de los aguafuertes.
El profesor y académico de la Real Academia de la Historia don Juan Pérez de Tudela,
afirma: "Seguramente el joven de Hildesheim tuvo lucidez para reconocer las raíces
de donde venía su fuerza, y supo jugar a plena conciencia la carta de sus posibilidades
en una trayectoria abierta a los aires del mundo. En la línea del expresionismo el
artista se declara descendiente del grande y patético abuelo Lucas Cranach. Pero al mismo
tiempo se sabe un seguidor de esa vieja pero inapagable llamarada que es para Alemania la
del gran fundador Durero, el taxativo reto a ser capaz de apoderarse de la realidad
esencial de las cosas.
La tensión de semejante designio, se deja sentir, aunque con
grados muy diferentes para cada obra, en toda la aventura expresiva de nuestro
protagonista. Añadamos asimismo lo fecundo de otras influencias en Schlotter: La luz y el
carácter de América, las maneras y el genio de España, el escenario de Altea, para
concluir que no habrían dado sus frutos sin esa compenetración que se da en él, de una
sensibilidad prodigiosamente abierta y dúctil al mensaje de las luces y las formas, de
una vocación incansable en captarlas, y, por añadidura, de un espíritu que gusta de
bucear culturalmente en las preguntas esenciales acerca del sentido de la existencia del
hombre, de un espíritu humanista en suma. Sin todo esto Schlotter no se habría alzado
con la especie de cetro que posee entre los ilustradores que hoy viven; y que con su
iluminación del Quijote y el Colón se reviste de significados universalistas.
Obra gráfica que le
ofrecemos: