El título de este libro, El Cantar de los
Cantares, no significa que sea un poema compuesto de muchos cánticos, ni
tampoco que sea uno de los cánticos de Salomón, sino que es una forma
hebrea de expresar el superlativo, y así su sentido es Cantar Hermosísimo.
Su autor es Salomón, como lo prueba la antigua
tradición judía y cristiana y los caracteres internos del mismo libro.
Al examinar algunos, con la sola luz natural, el
sentido literal o gramatical de este libro, le han creído juramento
profano, y hecho únicamente por Salomón para celebrar sus amores con la
hija del rey faraón, la más querida de sus esposas. Tal fue el sentir
del hereje Teodoro de Mopsuestas en el siglo IV que han abrazado los
anabaptistas.
Pero los doctores judíos y los Santos Padres de
la Iglesia han mirado, con mucha razón, este libro de los Cantares como
un poema alegórico, y no como una obra profana. Los primeros, bajo la
imagen de una perfecta unión conyugal, han visto el desposorio de Dios
con la Sinagoga. Ezequiel y otros profetas representan esta unión del
mismo modo; y éste en el sentido que ha seguido la paráfrasis caldea.
Los Padres de la Iglesia han descubierto con mayor fundamento el
matrimonio perpetuo e indisoluble de Cristo con la Iglesia; la cual en
muchos pasajes del Nuevo Testamento se llama "esposa de
Jesucristo" y este mismo Señor nos representó el establecimiento de
ella bajo la figura de unas bodas (Mt.22,2; 25,1: Ap.19,7).
Solamente
entendidos los Cantares de Salomón en este sentido, usa la Iglesia de
ellos en el Oficio Divino, y aun esto con todas las precauciones
necesarias y de aquí es que sus ministros y los fieles cristianos,
acostumbrados a no ver en este libro sagrado sino un sentido espiritual y
alegórico, están libres de toda idea profana, contraria como ha sido en
la moral cristiana a la pureza y la piedad.
El libro dispone, en consecuencia, un carácter
alegórico-doctrinal, muy conforme con la idea de San Pablo para entender
las Escrituras: Toda Escritura divinamente inspirada es propia para
enseñar, para convencer, para corregir, para dirigir en la Justicia o
virtud, para que el hombre de Dios sea perfecto y esté apercibido para
toda obra buena (Ti.3,16).
De poco serviría el Cántico de Salomón
si nos ciñésemos al sentido que parece más literal. Debemos tener
presente que la mística y espiritual unión de Cristo con su Iglesia y
con las almas que están unidas con El, no como quiera, sino con los más
satisfechos lazos de una viva , perfecta y encendida caridad, son el
objeto principal de este divino Cantar; y por eso cuando las almas están
más íntimamente unidas con su Dios, y de consiguiente más separadas de
todo lo carnal y terreno, tanto más gustan y se aprovechan de la lectura
de este Libro, hallando en él dulzuras y consolaciones inefables.