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Cuentos de Boccaccio“Amores de mujer moza y pecados de una monja”G. Boccaccio - C. Perellón El turno de presidir los relatos de “Amores de mujer moza y pecados de una monja” corresponde a la dulce y delicada Emilia, bajo cuyo mandato se cuentan historias tan peregrinas como los recursos que utiliza una joven para librarse de dos pretendientes, con tumba y cementerio por medio; hay abadesas que no pueden reprochar nada a sus monjas, porque se descubre que también ellas yacen con sus amantes; maridos pillados in fraganti por sus esposas; mesoneros engañados por jóvenes que consiguen yacer con su hija y su esposa; lobos que cumplen las fatales predicciones de un marido; recuerdos de los juicios salomónicos, con el rey judío impartiendo consejos amatorios como haría en la actualidad un consultorio psicológico; y una mujer que, a punto de ser hechizada y convertida en yegua por un conjuro, sale con bien de la peripecia gracias a un capricho tonto del marido. La austeridad cromática de la obra gráfica de otros Cuentos de Boccaccio, se rompe aquí con doce serigrafías que utilizan entre doce y dieciocho colores y tres o cuatro tonos para cada figura; la paleta es mucho más fuerte, con ribetes expresionistas, mientras las viñetas, al estilo de dibujo desdibujado o formado, emplea tintas coloreadas en verde oliva. La obra, editada en rama, se presenta en un estuche de tela azul cobalto, con hierros en lomo y portada. Un dibujo grabado a tono, también de Perellón, ilumina la portada.
El epílogo a los diez cuentos de este volumen: “Cien Relatos notables de la Literatura Universal”, habla de cómo Boccaccio se adelanta a su tiempo rompiendo con la tradición literaria imperante, presentando en plena Edad Media al hombre como hacedor de su destino, en vez de mostrarlo como un ser a merced de los designios divinos: “Cualquiera que se acerque a Boccaccio, después de haber leído a Dante y Petrarca, dos de los pilares más sólidos de la literatura italiana, que vencieron el olvido, el silencio, y el oscurantismo de los siglos, rápidamente cae en la cuenta de que ha entrado en un mundo bien distinto. Tanto el compromiso moral y religioso en Dante, como la melancolía frente a la fugacidad de las cosas en Petrarca, están ausentes en Boccaccio, cuya fantasía creadora está claramente dirigida hacia las pasiones, alegrías, placeres y seducciones de la vida terrenal. Boccaccio contempla sus criaturas con el estupor del artista, libre de toda preocupación moral y religiosa”.
Cuentos de Boccaccio
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