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Las Musas

Textos: Mauro Armiño

Ilustraciones: Celedonio Perellón

Edición original limitada a 100 ejemplares venales, más 50 especiales destinados a los miembros del Club de Bibliofilia de Liber Ediciones.

Segundo Premio 2011 del Ministerio de Cultura al Libro Mejor Editado en la modalidad de bibliofilia.

 

ALTA BIBLIOFILIA

DESCRIPCIÓN

“Empecemos invocando a las Musas del Helicón, que habitan en esa grande y celeste montaña, bailan con pie ligero en torno a la fuente de aguas sombrías y al altar del poderoso hijo de Cronos, bañan sus delicados miembros en las aguas del Permeso, en la Fuente del Caballo y del divino Olmeo, y forman admirables y deliciosos coros en la más alta cima del Helicón”.

Con estas palabras entran las Musas en la historia del pensamiento y la literatura occidentales; las escribe Hesíodo, poeta griego nacido en Beocia, cuya existencia se sitúa en algún momento del siglo VIII antes de la era cristiana; además de bardo que componía sus poemas mientras apacentaba su rebaño de ovejas, Hesíodo los recitaba ante auditorios; y de él sabemos que ganó el concurso poético organizado por los hijos del rey Anfidamante de Calcis.

LAS MUSAS Y MAURO ARMIÑO

Paradójicamente, de las nueve Musas que sustentan la mitología griega apenas se sabe nada, salvo el nombre y la función que la cultura occidental les ha adjudicado a lo largo de los siglos. De Apolo, que terminó consiguiendo el título de padre y guía de ellas, contamos con una “biografía” bastante completa, desde su olímpico nacimiento hasta su sacerdocio oracular en Delfos, su intervención en la guerra de Troya, sus amores y desamores, etc. Sin embargo, de sus “discípulas”, cuyos coros y procesiones preside, los diccionarios de mitología apenas si resuelven sus datos en cuatro líneas. La investigación de Mauro Armiño ha rastreado sus huellas en los poetas griegos, desde la Teogonía de Hesíodo, que elabora la primera “lista oficial” de Musas y fija y unifica buena parte de las leyendas que habían dado origen a la mitología helénica, hasta los poetas latinos, cuando esas leyendas se han incorporado, evolucionadas, transformadas, a la religión oficial de Roma.

Mitógrafos y poetas ofrecen de las Musas datos a menudo contradictorios, maternidades distintas, adscripciones a artes que fueron cambiando con el tiempo. El texto ha reunido todos los datos que la Antigüedad nos ha legado, y ha rastreado la influencia que han ejercido sobre las artes, en especial sobre la pintura y la poesía: pintores que desde el Renacimiento a Vermeer y, sobre todo, durante el Clasicismo francés en el siglo XVIII, las convirtieron en centro de sus cuadros, o poetas que, en pleno siglo XX todavía las invocan y dedican largos poemas, como Paul Claudel en sus Cinco Grandes Odas. El resultado es una historia de las Musas inexistente en la bibliografía en español. Tras situar el conjunto, su diversa genealogía, la existencia de distintos grupos de Musas, y su unificación por Hesíodo y Herodoto, el libro arranca con el retrato de Apolo en su trono del monte Parnaso, para pasar a recopilar los datos y analizar el papel de cada una de las nueve Musas y la evolución de sus iniciales virtudes proféticas.

Las Musas, texto original de Mauro Armiño ilustrado con once grabados a color y una treintena de dibujos del artista Celedonio Perellón, se ha editado en español y catalán.

 

LAS MUSAS Y EL ARTE DE PERELLÓN

En la obra de Celedonio Perellón hay una constante que destaca sobre todas las demás: la adoración de la mujer, del cuerpo de la mujer. Era inevitable, por tanto, este encuentro entre Perellón y las nueve mitológicas vírgenes de la Antigüedad, las Musas, que, además de mujeres, presiden la cultura occidental, todo lo que ha salido de la creatividad de la mente humana: desde que Herodoto tituló con sus nueve nombres los nueve libros de su Historia, ahí están ellas presidiendo las artes. Al parecer, era inevitable que en un determinado momento se encontraran con Perellón: «Siempre he sido un ferviente admirador suyo; cuando hay alguna actividad, le aplico una Musa; de ahí salió la idea de trabajar sobre ellas; han inspirado, además, una larga tradición pictórica, sobre todo durante los siglos XVII y XVIII en el centro de Europa».

Cuando Perellón eligió las Musas por tema se dio cuenta de que era un tema «un tanto insólito», porque apenas se había tocado: «Técnicamente me adentré en la historia de Grecia primero, me empapé de lo poco que se sabía de sus distintos cometidos; y me encontré con que al principio no hubo representaciones; no se los adjudican hasta época tardía, pero con rasgos tópicos de la escultura de la época». En esa etapa, el arte griego no refleja realidades, sino conceptos, y digamos que retrata en las escasas representaciones de las Musas a la joven virgen, con los rasgos medidos de acuerdo con el canon griego de la belleza. «La imagen de Zeus, por ejemplo, tanto el Zeus tonante con sus rayos, como el Zeus libidinoso que persigue ninfas por los bosques, está más marcada, porque la tradición artística le ha dotado de una apariencia y unos trazos que se han repetido a lo largo de los siglos. La falta de ‘imagen’ de las Musas, la falta de ‘cara oficial’, por decirlo de alguna manera, me permitía una gran libertad creativa para imaginar sus figuras, sus poses, sus caras».

El símbolo cultural que esas divinidades mitológicas significan entronca con la pasión más evidente en la obra de Perellón, que ha pintado, que ha sometido a su buril, su pincel, su lápiz o su pluma, el cuerpo femenino; a lo largo de su dilatada carrera las ha hecho vivir veladas o sin velos, soñadas o reales, llenas de misterio o de carnalidad, ofreciéndose a nuestros ojos en medio de la ensoñación púber de un pujante deseo todavía desconocido, o en la expresión de una madurez que ya sabe lo que es el eros y reconoce su fuerza sobre los sentidos: es lo que quien mira puede percibir en las múltiples exposiciones de sus cuerpos a lo largo de obras anteriores de Perellón como el Decamerón, La Celestina, Salomé… Las Musas se prestaban a la evocación como pretexto para los once grabados que contiene el libro y una treintena de dibujos a línea y coloreados.

CARACTERÍSTICAS DE LA OBRA

  • Texto y notas de Mauro Armiño.
  • Ilustraciones de Celedonio Perellón. Incluye once grabados exentos al aguafuerte y aguatinta a la manera negra a color en plancha de cobre o zinc, además de una docena de dibujos a línea y más de una treintena de litografías intercaladas entre el texto, las guardas del estuche y otro en la camisa que envuelve el conjunto del libro.
  • El papel es blanco natural de algodón y fibras vegetales de 260 g expresamente elaborado para esta edición en formato 378 x 280 mm.
  • Cada ejemplar de Las Musas contiene diecisiete dípticos en papel especial blanco natural de algodón y fibras vegetales de 260 g, con sesenta páginas impresas en el tipo Sabon en sus versiones redondas, cursivas, negritas y versalitas en distintos cuerpos.
  • El estuche de lujo que contiene la obra se ha elaborado en color morado e incluye hierros dorados en lomo y portada.
  • La tirada está limitada a 100 ejemplares, más otros 50 especiales que duplican los grabados en sepia y están destinados a algunos miembros del Club de Bibliofilia de Liber Ediciones.
  • Cada uno de los ejemplares incluye un Testimonio Notarial que autentifica la tirada.

GALERÍA DE ILUSTRACIONES

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