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San Jorge, un santo legendario

Textos: Leyenda doradaActas de San Jorge martir

Traducción: Pere Fàbregas Salis

Stefano Maria Cingolani: San Jorge, un santo legendario

Nota editorial: Mauro Armiño

Ilustraciones: Natalio Bayo

Edición original bilingüe español – catalán limitada a 199 ejemplares.

Premio 2014 al Libro Mejor Editado en la modalidad de bibliofilia otorgado por el Ministerio de Cultura.

ALTA BIBLIOFILIA

DESCRIPCIÓN:

Poco tiene que ver con la realidad legendaria de los textos de Iacopo da Varazze (españolizado como Santiago de la Vorágine) y las Actas de San Jorge Mártir la representación iconográfica que de Jorge de Capadocia nos ha transmitido la Alta Edad Media: fue un soldado, y uno más de los muchos mártires que perecieron entre torturas durante las persecuciones del emperador Diocleciano: un humilde testigo de la nueva fe que poco más tarde, de la mano de Constantino, sería la oficial del Imperio Romano; asolado por las llamadas “invasiones bárbaras”, dividido entre Oriente y Occidente, ese Imperio se sumió en una oscura noche de varios siglos en los que la cultura se refugió entre los muros conventuales. Ahí se forjaron las “leyendas áureas” de los santos del martirologio cristiano, difundidas entre los siglos XI y XIII por toda la cristiandad de Europa y sus aledaños de Oriente. Ahora san Jorge se nos aparece venciendo a un dragón, encarnación de Satán desde que el arcángel Miguel, paladín de Dios, lo confinara en los Infiernos tras las terribles luchas entre las huestes celestiales y las infernales por el poder de los cielos.

© Liber Ediciones Sant Jordi

Pontífices como el papa Silvestre, numerosos obispos y mártires tenían ya un dragón a sus pies cuando se adjudica ese monstruo a san Jorge. Dragones y serpientes, incluida la serpiente-grifo de la mitología griega, inundan las leyendas preparadas por los monjes de los siglos oscuros; bestias monstruosas (a diferencia de los dragones griegos –fecundadores–, y de los orientales –personificaciones de las fuerzas del agua, fertilizante y al mismo tiempo destructora, pero siempre con un valor positivo y bienhechor), que el pensamiento colectivo incorpora rápidamente a su folklore e interpreta desde las profundidades del psiquismo en una sociedad que, desorganizada en sus instituciones públicas por el hundimiento del Imperio, tenía que ser reconstruida y salvada. De ahí nacen esos héroes sauróctonos, esos matadores de dragones y serpientes que los monjes sacan del Génesis, de Isaías, del Libro de Job, de los salmos y sobre todo del Apocalipsis. Su simbología cambia con el paso del tiempo y las circunstancias políticas o religiosas: en la época de Constantino, encarnan el paganismo; con san Isidoro de Sevilla, apuntan a vicios o pecados capitales; luego se los identifica con el Mal, o incluso con el control de las calamidades naturales, inundaciones o pestes; como en el caso del papa Gregorio el Grande; en el siglo IV, el dragón del obispo de París, san Marcelo, metaforiza la necesidad de secar las ciénagas del bajo valle del Bièvre y roturar las tierras para su utilización por los labriegos parisienses; y san Marcelo, que se encargó de su drenaje, figura esculpido en la puerta de Santa Ana de la catedral de Notre-Dame hollando con su báculo a la bestia.

© Liber Ediciones Sant Jordi

Cuando la belicosa Edad Media entrega el control de la sociedad europea a la clase de los caballeros, san Miguel domeña dragones en pórticos, cornisas y gárgolas eclesiales y catedralicias. Y en el siglo XI, san Jorge, que ya había llegado de Oriente antes de las Cruzadas, se convierte en el símbolo del ascenso social de esa aristocracia militar: no es un ángel, sino un soldado que, armado de estribos y de yelmo, derriba y mata al monstruo. Fijada la iconografía, los mejores artistas se apoderaron rápidamente del capadocio: desde Bernard Martorell y Paolo Ucello en el siglo XV, a Rafael en el siguiente, a Rubens en el XVII, y hasta nuestros días, donde incluso el cómic lo ha reinterpretado, la lista de grandes pintores recorre Occidente y Eurasia, desde Alemania a Rusia, Ucrania, Grecia y Malta pasando por España, especialmente por la Corona de Aragón desde que Pedro IV el Ceremonioso (siglo XIV) adoptó como divisa heráldica una cimera con un dragón. Pero Jorge ya había ayudado antes, en 1096, a Pedro I de Aragón en la batalla de Alcoraz (Huesca) contra tropas musulmanas; tras la victoria, Pedro IV lo nombró patrón de la caballería y de la nobleza del Reino de Aragón, que entonces abarcaba el Condado de Barcelona.

© Liber Ediciones Sant Jordi

Los grabados y dibujos con que el pintor Natalio Bayo ilustra el estudio de Stefano María Cingolani y los textos de la Leyenda Áurea y de las Actas oscilan entre la realidad, la ironía y la fantasía: son minuciosamente realistas en el momento de dibujar, por ejemplo, el cuerpo del mártir en las mazmorras o en el potro de tortura; son distantes, irónicos, duramente críticos cuando esboza a esas encarnaciones del poder que juzga, condena y tortura, con rostros que parecen hechos de barro y decadencia, si no de corrupción; oníricas cuando diseñan o esbozan el dragón, unas veces alado, otras sin alas, o cuando la lucha del caballo, del caballero y del monstruo hace de los tres una sola pieza. Pero, a pesar de esa claridad expositiva en dibujos y grabados, dentro de ella misma pervive ese onirismo mágico que caracteriza y singulariza a Natalio Bayo dentro de la mejor pintura española del último medio siglo.

CARACTERÍSTICAS DE LA OBRA:

  • Textos de las Actas de San Jorge Mártir y la Leyenda Dorada de Jacobo de la Vorágine, así como el estudio San Jorge, un santo legendario del investigador italiano Stefano Maria Cingolani.
  • Cada ejemplar contiene veinticinco dípticos en papel Vendrell de 260 g con noventa y dos páginas impresas con el tipo Garamond en sus versiones redonda, cursiva, negritas y versalitas en distintos cuerpos.
  • Se presenta en rama conforme a la tradición bibliófila, en una caja diseñada por Liber Ediciones.
  • La tirada está limitada a 199 ejemplares numerados en arábigo y otros 75 ejemplares numerados en romanos destinados a algunos miembros del Club de Bibliofilia de Liber Ediciones.
  • Cada uno de los ejemplares incluye un Testimonio Notarial que autentifica la tirada.
  • Ilustraciones de Natalio Bayo. Incluye nueve grabados al aguafuerte, aguatinta y manera negra a color en plancha de cobre (tres de ellos a sangre) y siete litografías a sangre y a todo color (dos de ellas a doble página), además de cuarenta dibujos litográficos intercalados entre el texto.
  • El papel es blanco natural de algodón y fibras vegetales de 260 g expresamente elaborado para esta edición en formato 460 x 380 mm.
  • LIBRO DE ARTISTA – ALTA BIBLIOFILIA.

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